Dándole vueltas a la idea de tu cuerpo sobre el mío,
he llegado a la conclusión
de que soy una cobarde empedernida,
y tú, peor.
Y la imagen sobreviene en ansiedad,
los olores me comienzan a asfixiar.
Entonces, salí a la calle a buscar distracción.
Pero en el parque,
te encontré sentado en un sillón.
Sin saberlo –ni tú, ni yo-
Releías las trampas,
que tú no sabes usar,
pero que igual me hacen dudar.
Cuatro días después, izaste una bandera que decía:
“El que no quiere amor ¡Qué luche!”
Ya me compré un boleto de avión, adiós.