Cual fiebre de lava invadiendo tierras que no son mías,
he devastado la paz aparente de la despedida.
He pegado un grito frustrado que se ha convertido en silencio.
Mi contradicción me deja sin energías,
me amarra las piernas, y me planta una sonrisa.
Veo etiquetas volar por tu rostro ¡Mentiras!
No son más que el recato de una ilusión fenecida.
Quiero perder el control y burlar tus murallas.
Poner en evidencia tu ira amaestrada.
Reniego, hoy, de nuestro teatrín cuerdo.
Ese día debí llorar rojo, debí sentir hielo,
Debimos morir y despedirnos muertos,
Flotar como almas vacías que no encuentran la entrada al
cielo.
Detesto el orgullo de tus ojos en los míos,
Saber que nuestro amor más grande es para nosotros mismos.
Nuestra falsa autosuficiencia y mi cordura,
no son más que pantomimas que se caen una por una.
Imagina que te digo adiós de este modo.
¡Violenta!
Como te gusta en la cama, y me odias en la puerta.