recoger mis pedazos,
y encontrar las razones profundas de mi desdicha.
He comprendido que la ansiedad es cíclica,
que volverá a mí y que se irá,
junto con las ganas suicidas.
Estoy practicando, como decimos en el teatro,
a vivir el aquí y el ahora,
ser lo que soy, y no lo que se espera de mí.
Desde que cerré esa puerta,
se abrieron tantos caminos posibles,
que me siento como Alicia,
dueña de un destino confuso,
... pero dueña.
Y sí, mi naturaleza enredada no deja de hacerse una pregunta.
Si no sufro ¿de qué escribiré?
No hay lágrimas mientras redacto estas líneas,
el pecho no duele, no hierve.
Siento que se va,
la estruendosa volubilidad que me hace quién soy.
¿Seré el cliché de una sensibilidad perturbada?
No tengo respuestas.
Quizá este sosiego me de versos de colores nuevos.