jueves, 10 de noviembre de 2011

Inesperadamente

Así llegaste la primera vez,
como un animal herido de traiciones,
escupiste maldiciones sosegadas,
me miraste sin mirarme,
y sin decírmelo en voz alta,
me gritó tu alma,
que te acompañara.

Yo te lo dije también,
más frontal, más directa,
en rabietas endulzadas con sonrisas,
y con risas….
que no son más que pastillas para el dolor.

Te busqué por pura falta de.
No teníamos nada que perder,
me lo has dicho varias veces,
pero hoy comienzo a entender.

He llorado en tus brazos,
he volado en tus piernas,
he sentido el sabor amargo de tus penas.

Dame la mano, que aún faltan espinas por sacar;
tengo un par de chistes que aún no te he contado,
y un baúl entero que dejé cerrado.

No vivimos de promesas,
no las queremos más.

Y te advierto:
sólo quédate el tiempo que sea necesario,
luego date la vuelta,
que yo me haré a un lado.