sin entregar el alma.
Rezando suavemente:
“Todo pasa, todo pasa”
Hay que aprender a llorar,
dejando el corazón en casa.
Con la llave en la garganta,
y un escudo entre las palmas.
Hay que aprender a llorar,
con ojos sin mirada,
sin sueños ni esperanzas,
con frío en las palabras.
Hay que aprender a llorar,
para purificar el alma,
para dejarlo todo,
para olvidar su almohada.
Las lágrimas gratuitas de zorras y muñecas,
esconden la verdad aunque no quieras verla.
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